Hola a todas y todos. Para quien no me conozca trabajo como limpiadora, ahora mismo, estoy cubriendo una baja en un colegio en el que dan de infantil a bachiller. Y muchas veces en mi trabajo soy invisible, quizás, demasiadas veces, pero mejor así. Si soy invisible, no me ven, y si no me ven no pueden decir limpia esto o aquello; y simplemente me dedico a lo mío.

Pero esta tarde he sido demasiado visible, incluso con ropa de calle, fue algo ¡increíble! Si sólo me ven (y a ratos) ¿cómo me han podido ver sin el uniforme? Dejé esa pregunta en el aire mientras el mismo que me había llamado guapa para que tirase una caja de cartón en otra de mis publicaciones, me comentaba que un niño había vomitado en el cancha de baloncesto. Mi cara era un poema, ¡adoro las vomitonas! *ironía*

Me cambié, cogí escoba y recogedor y fregona con su cubo con agua. Y me fui cargadita a la cancha mientras observaba de lejos tres grandes montones de serrín donde debían estar los charcos de vómito. Y así que me puse a hacer montones para cogerlos con el recogedor cuando llegaron un grupo de niños de unos diez años.

-¿Qué estás haciendo? -me pregunta uno mientras suspiro y sin levantar la cara del suelo.

-Alguien ha vomitado.-Dije mientras hacia otro montón con el serrín, y el mismo niño grito:

-¡UN DESIERTO! ¡ESTÁS HACIENDO UN DESIERTO EN LA CANCHA DE BALONCESTO! -Y dicho esto se puso a correr como un loco por una orilla de la pista mientras iba anunciando a sus compañeros de baloncesto- TIENE UN DESIERTO, ¡UN DESIERTO!

Otro se me acercó y se puso a mi lado sentado en un banquillo y dijo.

-¡Ah! ¡Yo estoy en primera fila! ¡Lo veo todo mejor!

Yo ya no sabía si reírme o apartar la vista del serrín ya que el olor comenzaba a darme nauseas, cuando el mismo niño que estaba en primera fila, se acercó y puso las narices sobre el montón de serrín.

-¡Eh! ¡Qué bien huele! -le dice a uno. Ese mismo se acercó a la bolsa de basura y metió la cabeza dentro.

-¡Pues si! ¡Huele muy bien! ¡Huele a serrín! -se levanta y mira a otro- ¿Sabes? El serrín viene de los árboles.

 

En ese momento llegué a la conclusión de que los niños sólo ven lo que quieren ver y huelen lo que quieren oler.